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¿Ciudad sí o ciudad no?

¿Dónde es mejor “criar” (por favor, qué palabra más “animal”…) a los hijos? Esta es la gran pregunta que planea por nuestra casa desde hace algun tiempo…

Como punto de partida: somos de ciudad, yo especialmente me he considerado siempre muy urbanita. Me gusta callejear, salir a descubrir nuevos locales y tiendas, sentir el ambiente de gente entrando y saliendo de mil y un sitios, tenerlo todo “a un paseo” de distancia. En parte creo que tiene un poco que ver con mi fobia a la soledad. Pero en parte es simplemente que me gusta, y punto. Las ciudades son bonitas. Nací, crecí y viví siempre en una, y siento que son mi hábitat natural.

Y entonces va y llega Mar. Y no sé cómo todo empieza a cambiar. Empiezas a pensar en la contaminación, en la falta de espacios verdes, en  el ruido que se traga la pobre cada mañana para ir de casa a la guardería, en que realmente todos esos planes que antes hacías  en la ciudad ya no los haces tanto y que, en cambio, si vivieras  fuera podrías hacer más cosas con ella… Y te pones a mirar alternativas. Y hay muchas!!!

– Vivir en la periferia de la ciudad, donde ya no hay tanto follón pero sigue llegando el metro, el bus… Normalmente hay más espacios verdes, no está todo tan apretado, pero no nos engañemos: es más feo. Y eso de pasear pierde mucho encanto. Tampoco hay tantos servicios y, al menos yo, siento que es un “parche”.

– Vivir en alguna poblacion cercana. Ya no estás en la ciudad, con lo bueno y con lo malo. El truco es tener cerca accesos a ella (tren, bus, acceso a autopista…), sobretodo si, como yo, trabajas en el centro y tienes que entrar y salir todos los días… Esta opción soluciona de un tirón todos lo “malo” que la ciudad pueda tener para los niños. Peeeeeero, dejas de ser urbanita! Uf uf uf… ¿estaré preparada para ello? ¿Qué pasará en pleno mes de febrero, cuando estemos a -3 grados, oscurezca a las 4 de la tarde y las calles de esa urbanización tan mona a la que te has mudado parezca el desierto de Atacama?

– Vivir en el monte. Jajaja, esta opción me encanta y me horroriza a la vez! Por un lado está el ” pues ya que me voy de la ciudad, me voy a lo grande”. Que Mar conozca qué es una vaca porque la vé todos los días al salir de casa, no porque tenga 4 libros con vacas dibujadas… Que pueda pasear hasta el riachuelo que hay al lado de casa todos los sábados y que respire aire puro de verdad. Pero… ¿qué pasará con los padres urbanitas? ¿Podríamos sobrevivir a este cambio radical en nuestras vidas?

Y hasta aquí puedo leer. Muchas dudas todavía. Tendremos que seguir dando vueltas al tema, viendo alternativas, conociendo opciones…y al final, tomar una decisión. ¿Alguna opinión por aquí?

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Diversión a chorros

baño¡Con esta simpática cara arrancamos cada día el baño en casa! Es una de nuestras ultimas adquisiciones para disfrutar del momento baño, regalo de su papás por su primer cumpleaños. Se trata de una fuente con distintos muñecos y módulos acoplables que hacen que el agua salga de múltiples formas, a cuál más divertida… A parte de lo entretenido que es ver cómo funciona me gusta porque es una ejercicio estupendo para aprender a acoplar piezas, ¡y a hacerlo en movimiento! Sin duda para mi uno de los juguetes más interesantes a partir de los 12 meses, muy muy recomendable y muy muy divertido! Por si interesa, lo podéis encontrar en Dideco (y no, no tengo comisión ;)).

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Yo antes era rubia

Literalmente, era rubia. Lo conseguía gracias a las periódicas visitas a mi peluquero (que por cierto, seguía manteniendo en Barcelona porque después de casi 15 años a ver quién se atreve a cambiar…), donde pasaba mañanas enteras de placentero hedonismo. También me solía hacer la manicura los domingos en casa relajadamente mientas de fondo veíamos una película de casi 3 horas. Me encantaba llevar collares de colores, pendientes de colgar y sandalias  con taconazo.

peloAhora no soy rubia. He dejado que mi pelo color ceniza aflore naturalmente. Y el pelo me lo corto en la peluquería de al lado de casa o del trabajo, en Madrid. Tampoco veo películas de 3 horas por lo que ya no tengo tiempo para esas estupendas manicuras.Cuando Mar tiró del ultimo collar que me puse y lo rompió en mil pedazos decidí que por el momento también abandonaría esta clase de accesorios. Y ¡ay los tacones! De vez en cuando me atrevo, pero el ritmo de paseo con cochecito incluido no es muy compatible con tacones de 8 centímetros…

¿Mejor antes? ¿Mejor ahora? La verdad: reconozco la belleza de todos estos cuidados y accesorios, pero ahora mismo no los echo demasiado en falta. Me siento bien, incluso mejor que antes, sin prestar tanta atención a todo esto. Me gusta sentirme más natural, más “auténtica” podría decir… Creo que es un buenísimo ejercicio de salud mental que todas, tanto mamás como no-mamás, deberíamos practicar de vez en cuando. Ojo, no confudirlo con el hecho de “dejarse” o de priorizar todo por delante de uno mismo… no me refiero a eso! Al contrario, de lo que se trata es de sacar máximo partido a las circustancias de cada momento. Y en eso estoy… ya no soy rubia, ahora soy ceniza. Así que por ahora lo tengo claro:

CENIZA 
IS THE NEW
BLACK 🙂

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Cara pilla

Traviesa, inquieta, juguetona… Tu expresión está cambiando a pasos agigantados… Y me encanta! Nos buscas con la mirada para enseñarnos la última monería que has aprendido a hacer. Que mira como camino solita empujando el andador, que ahora me gusta bañarme de pie (se llama ducharse!), que voy a ver qué hacéis si trato de comerme una zapatilla… Todo cosas que sé que no debería hacer pero que, la verdad, son graciosisimas… Y es que con esa carita de pilla que pones es muy difícil resistirse!!!! Lo reconozco, a mi de momento me ganas… Viva tu carita de pilla!

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Ante todo… mucha calma

¿Has tenido alguna vez esa sensación de que por más que intentes planificar algo, ese algo ha decidido tomar otro camino? Esta es la sensación que me acompaña estos últimos días, incluso podría decir semanas… Un cúmulo de situaciones no previstas que se cruzan en mi rutina, organizada al milímetro, y fuerzan la re-re-re-planificación. Nada nuevo en realidad. Pero, uf, ¡cómo cambia la película ahora que hay un tercer elemento (léase “mi pequeña Mar”) en la ecuación! El juego pasa de ser un puzzle de 24 piezas (¡a lo sumo!) a ser, por lo menos, un Cubo de Rubik. Es decir, que solución hay, pero “joer” qué difícil es encontrarla…

Ante estos casos, ¿qué hacer? Algunos consejos básicos, incluso evidentes, que estoy asimilando estos últimos días:

1) Pide ayuda. Sí, parece obvio pero no lo es. Es difícil cambiar las costumbres. Y si, como en nuestro caso, se está acostumbrado a tirar entre 2, cuesta cambiar el “chip” para pedir ayuda externa… Siempre hay familia y amigos dispuestos a echar una mano. En serio, siempre. No te hagas el héroe y cuenta con ellos.

2) Acepta consejos de aquellos que ya han pasado por esto antes que tu. Una hermana, una amiga, una madre… Saben de lo que hablan, les ha pasado antes y lo han resuelto. Merece MUCHO la pena escucharles… Al menos a mi, me quita presión…

3) Pierde un poco el control. No pasa nada, el barco no se hundirá. Quizás navegará un poco más torcido de lo que te gustaría pero seguirá avanzando… Si de repente faltan pañales porque nadie se ha dado cuenta que se estaban terminando… pues alguna farmacia de guardia habrá para ir corriendo a comprar un paquete. Fijo que el niño no se queda en bolas.

5) No pierdas nunca el buen humor. Eso lo estoy escribiendo y me lo estoy diciendo en voz baja a mi misma… Es complicado, al menos a mi me lo parece. Pero a la vez, es la clave para que todo siga adelante. Con energía positiva todo fluye de otra forma.