Gincana en el salón

En mi afán de encontrar actividades para hacer en casa estos fríos y lluviosos días de invierno he activado mi capacidad creativa y el otro día acabé montando una especie de “gincana casera”. Mar está justo arrancándose en eso del gateo (le ha costado muy mucho…) por lo que la idea encajaba a la perfección.

El primer paso fue conseguir que pasara del parqué a la alfombra (algo que nunca había hecho hasta la fecha): cambio de texturas y de sensaciones… su técnica de arrastre ya no valía, por lo que tuvo que empezar a moverse de otra forma. Primera prueba superada. Próxima parada, la mesa supletoria: llena de libros y revistas y un sinfín de nuevos objetos para ella. Jugamos con todos ellos y aprendimos que las revistas no se comen… Segunda prueba superada también!

juegos

La montaña mágica

Y eso nos llevó directamente a la tercera y más importante prueba: subir a la montaña mágica! Aquí es donde tuve que montar un poco más de tinglado… Básicamente, aprovechando un par de escalones que hay en el salón, cree una pendiente con un tablón, lo protegí con una manta blandita, puse cojines y almohadas de protección por ambos lados y, lo más importante, seleccioné varios de sus juguetes favoritos (una pelota, un espejo, un sonajero…) y los coloqué al final de la cuesta, como reclamo/premio si conseguía subir. Y ahí que se lanzó! Ni corta ni perezosa empezó a escalar como una desesperada! Al principio tuve que sostenerle un poco las piernas para que no se fuera para atrás, pero una vez cogió el tranquillo, en cuestión de medio minuto y estaba arriba! Increíble! Cuando se dio cuenta que lo había conseguido se giró hacia mi con cara de satisfacción y me dedicó una preciosa sonrisa. Yo, claramente, babeaba… Dado el éxito de la prueba, le plantee un último reto: vamos a bajar la montaña! Cogí uno de sus juguetes y lo coloqué abajo de la pendiente. Automáticamente ella solita se giró y emprendió el camino de bajada… Por un momento pensé que se deslizaría como en un tobogán pero controló la situación de una forma asombrosa y con las manos se fue frenando hasta que aterrizó de nuevo en la alfombra. Uaaaaau, lo había logrado!  La experiencia fue tan buena que repetimos la subida y bajada a la montaña mágica varias veces. Y seguro que volveremos a repetir la experiencia muy pronto.

Ya estoy pensando en cómo ampliar recorrido! (que tiemblen los vecinos… ;)).

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